Llegué y todos en la habitación estaban muertos pero vivían. Me estaban velando con tristeza en sus rostros y me estaban recibiendo con alegría por haber vuelto. Y todo esto ocurría al mismo tiempo…
Eran las 12 del mediodía y me encontraba caminando por el desierto siguiendo las pisadas que me guiaban hacia… ¿Hacia donde me guiaban? No lo recordaba debido a la deshidratación causada por el imponente abrasador sol del desierto de la soledad. Mi cantimplora se encontraba vacía, y aunque quería descansar, algo al final de ese arduo camino me llamaba. Recuerdo que caminé algo más de dos horas (según mi percepción), luego me desmayé.
-Cariño, límpiate, nos vamos a casa- Gritó mi madre que se encontraba sentada en un banco del parque.
-Ya voy mamá.- Le respondí.
Y Nunca supe de quién eran las pisadas marcadas en el cajón de arena.
Cosas de las horas,
pensamientos del momento.
Todo eso que nos nos dijimos durante el día